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LA ENCINA

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LA ENCINA

La encina es el árbol más representativo del Sureste de la Península Ibérica ya que conforma un paraíso natural tan único y tan característico de España como la Dehesa. Paraíso en el que reina el cerdo 100% ibérico.
La encina es un árbol de talla media y baja, que puede llegar a alcanzar de 16 a 25 metros de altura. En estado salvaje, es de copa ovalada al principio y después va ensanchándose hasta quedar finalmente con forma redondeado-aplastada. De joven suele formar matas arbustivas que se podrían confundir con la coscojay, en ocasiones, se queda en ese estado de arbusto por las condiciones climáticas del lugar.
Las hojas son perennes y permanecen en el árbol entre dos y cuatro años; son de color verde oscuro por el haz, y más claro y tomentosas por el envés. Estas hojas, muy duras y coriáceas, evitan la excesiva transpiración de la planta, lo que le permite vivir en lugares secos y con gran exposición al sol, como la ribera mediterránea.
La corteza es lisa y de color verde grisáceo en los tallos; se va oscureciendo a medida que crecen y, alrededor de los 15 o 20 años, se agrieta en todas direcciones, quedando un tronco muy oscuro, prácticamente negro.
La floración se produce entre los meses de marzo a mayo, cuando la temperatura media alcanza los 20 °C y 10 horas de sol diarias. El fruto de la encina, como bien sabemos, es la bellota. Las bellotas maduran de octubre a diciembre, durante el período conocido como montanera, 4 meses en los que el campo se cubre de bellotas y los cerdos 100% ibéricos adquieren entre el 50 y el 60% de su peso disfrutando de este alimento único mientras pastan libremente por la Dehesa.
La edad mínima a la que comienza a producir una encina está condicionada por las características medioambientales, situándose entre los 15 y los 20 años de la vida del árbol, y para llegar a su plenitud productiva tenemos que esperar hasta 100 años. Es por eso, que el régimen alimenticio de los cerdos 100% ibéricos es muy difícil de replicar.
Generalmente identificamos como encina todos aquellos árboles cuyo fruto es la bellota; sin embargo dentro de este género, hay numerosas especies arbóreas que dan bellotas como el roble, la encina, el alcornoque y el quejigo.En concreto, en las encinas de la Península Ibérica se diferencian dos subespecies: (Quercusilex subsp. ilex) y (Quercusilex subsp. ballota) que tienen ligeras diferencias morfológicas y fisiológicas lo que se traduce en unos frutos diferentes, con bellotas más alargadas amargas en la primera planta y bellotas más redondeadas y dulces en la segunda. Estás diferencias de sabores en las bellotas se notarán posteriormente en los cerdos 100% ibéricos que las consumen; así por ejemplo el jamón 100% ibérico de Extremadura tiene un sabor más amargo que el de Jabugo, dada la mayor representación de quercusilex que hay en la Dehesa de la zona.
Como dato curioso para terminar queríamos mencionar que la encina se considera árbol sagrado en numerosas tradiciones. En todas ellas, parece como un símbolo de solidez, longevidad y potencia, tanto en el sentido material como en el espiritual; al igual que en latitudes más septentrionales ocurre con su hermano, el roble.7
La encina es el árbol más representativo del Sureste de la Península Ibérica ya que conforma un paraíso natural tan único y tan característico de España como la Dehesa. Paraíso en el que reina el cerdo 100% ibérico.
La encina es un árbol de talla media y baja, que puede llegar a alcanzar de 16 a 25 metros de altura. En estado salvaje, es de copa ovalada al principio y después va ensanchándose hasta quedar finalmente con forma redondeado-aplastada. De joven suele formar matas arbustivas que se podrían confundir con la coscojay, en ocasiones, se queda en ese estado de arbusto por las condiciones climáticas del lugar.
Las hojas son perennes y permanecen en el árbol entre dos y cuatro años; son de color verde oscuro por el haz, y más claro y tomentosas por el envés. Estas hojas, muy duras y coriáceas, evitan la excesiva transpiración de la planta, lo que le permite vivir en lugares secos y con gran exposición al sol, como la ribera mediterránea.
La corteza es lisa y de color verde grisáceo en los tallos; se va oscureciendo a medida que crecen y, alrededor de los 15 o 20 años, se agrieta en todas direcciones, quedando un tronco muy oscuro, prácticamente negro.
La floración se produce entre los meses de marzo a mayo, cuando la temperatura media alcanza los 20 °C y 10 horas de sol diarias. El fruto de la encina, como bien sabemos, es la bellota. Las bellotas maduran de octubre a diciembre, durante el período conocido como montanera, 4 meses en los que el campo se cubre de bellotas y los cerdos 100% ibéricos adquieren entre el 50 y el 60% de su peso disfrutando de este alimento único mientras pastan libremente por la Dehesa.
La edad mínima a la que comienza a producir una encina está condicionada por las características medioambientales, situándose entre los 15 y los 20 años de la vida del árbol, y para llegar a su plenitud productiva tenemos que esperar hasta 100 años. Es por eso, que el régimen alimenticio de los cerdos 100% ibéricos es muy difícil de replicar.
Generalmente identificamos como encina todos aquellos árboles cuyo fruto es la bellota; sin embargo dentro de este género, hay numerosas especies arbóreas que dan bellotas como el roble, la encina, el alcornoque y el quejigo.En concreto, en las encinas de la Península Ibérica se diferencian dos subespecies: (Quercusilex subsp. ilex) y (Quercusilex subsp. ballota) que tienen ligeras diferencias morfológicas y fisiológicas lo que se traduce en unos frutos diferentes, con bellotas más alargadas amargas en la primera planta y bellotas más redondeadas y dulces en la segunda. Estás diferencias de sabores en las bellotas se notarán posteriormente en los cerdos 100% ibéricos que las consumen; así por ejemplo el jamón 100% ibérico de Extremadura tiene un sabor más amargo que el de Jabugo, dada la mayor representación de quercusilex que hay en la Dehesa de la zona.
Como dato curioso para terminar queríamos mencionar que la encina se considera árbol sagrado en numerosas tradiciones. En todas ellas, parece como un símbolo de solidez, longevidad y potencia, tanto en el sentido material como en el espiritual; al igual que en latitudes más septentrionales ocurre con su hermano, el roble.7
La encina es el árbol más representativo del Sureste de la Península Ibérica ya que conforma un paraíso natural tan único y tan característico de España como la Dehesa. Paraíso en el que reina el cerdo 100% ibérico.
La encina es un árbol de talla media y baja, que puede llegar a alcanzar de 16 a 25 metros de altura. En estado salvaje, es de copa ovalada al principio y después va ensanchándose hasta quedar finalmente con forma redondeado-aplastada. De joven suele formar matas arbustivas que se podrían confundir con la coscojay, en ocasiones, se queda en ese estado de arbusto por las condiciones climáticas del lugar.
Las hojas son perennes y permanecen en el árbol entre dos y cuatro años; son de color verde oscuro por el haz, y más claro y tomentosas por el envés. Estas hojas, muy duras y coriáceas, evitan la excesiva transpiración de la planta, lo que le permite vivir en lugares secos y con gran exposición al sol, como la ribera mediterránea.
La corteza es lisa y de color verde grisáceo en los tallos; se va oscureciendo a medida que crecen y, alrededor de los 15 o 20 años, se agrieta en todas direcciones, quedando un tronco muy oscuro, prácticamente negro.
La floración se produce entre los meses de marzo a mayo, cuando la temperatura media alcanza los 20 °C y 10 horas de sol diarias. El fruto de la encina, como bien sabemos, es la bellota. Las bellotas maduran de octubre a diciembre, durante el período conocido como montanera, 4 meses en los que el campo se cubre de bellotas y los cerdos 100% ibéricos adquieren entre el 50 y el 60% de su peso disfrutando de este alimento único mientras pastan libremente por la Dehesa.
La edad mínima a la que comienza a producir una encina está condicionada por las características medioambientales, situándose entre los 15 y los 20 años de la vida del árbol, y para llegar a su plenitud productiva tenemos que esperar hasta 100 años. Es por eso, que el régimen alimenticio de los cerdos 100% ibéricos es muy difícil de replicar.
Generalmente identificamos como encina todos aquellos árboles cuyo fruto es la bellota; sin embargo dentro de este género, hay numerosas especies arbóreas que dan bellotas como el roble, la encina, el alcornoque y el quejigo.En concreto, en las encinas de la Península Ibérica se diferencian dos subespecies: (Quercusilex subsp. ilex) y (Quercusilex subsp. ballota) que tienen ligeras diferencias morfológicas y fisiológicas lo que se traduce en unos frutos diferentes, con bellotas más alargadas amargas en la primera planta y bellotas más redondeadas y dulces en la segunda. Estás diferencias de sabores en las bellotas se notarán posteriormente en los cerdos 100% ibéricos que las consumen; así por ejemplo el jamón 100% ibérico de Extremadura tiene un sabor más amargo que el de Jabugo, dada la mayor representación de quercusilex que hay en la Dehesa de la zona.
Como dato curioso para terminar queríamos mencionar que la encina se considera árbol sagrado en numerosas tradiciones. En todas ellas, parece como un símbolo de solidez, longevidad y potencia, tanto en el sentido material como en el espiritual; al igual que en latitudes más septentrionales ocurre con su hermano, el roble.7
La encina es el árbol más representativo del Sureste de la Península Ibérica ya que conforma un paraíso natural tan único y tan característico de España como la Dehesa. Paraíso en el que reina el cerdo 100% ibérico.
La encina es un árbol de talla media y baja, que puede llegar a alcanzar de 16 a 25 metros de altura. En estado salvaje, es de copa ovalada al principio y después va ensanchándose hasta quedar finalmente con forma redondeado-aplastada. De joven suele formar matas arbustivas que se podrían confundir con la coscojay, en ocasiones, se queda en ese estado de arbusto por las condiciones climáticas del lugar.
Las hojas son perennes y permanecen en el árbol entre dos y cuatro años; son de color verde oscuro por el haz, y más claro y tomentosas por el envés. Estas hojas, muy duras y coriáceas, evitan la excesiva transpiración de la planta, lo que le permite vivir en lugares secos y con gran exposición al sol, como la ribera mediterránea.
La corteza es lisa y de color verde grisáceo en los tallos; se va oscureciendo a medida que crecen y, alrededor de los 15 o 20 años, se agrieta en todas direcciones, quedando un tronco muy oscuro, prácticamente negro.
La floración se produce entre los meses de marzo a mayo, cuando la temperatura media alcanza los 20 °C y 10 horas de sol diarias. El fruto de la encina, como bien sabemos, es la bellota. Las bellotas maduran de octubre a diciembre, durante el período conocido como montanera, 4 meses en los que el campo se cubre de bellotas y los cerdos 100% ibéricos adquieren entre el 50 y el 60% de su peso disfrutando de este alimento único mientras pastan libremente por la Dehesa.
La edad mínima a la que comienza a producir una encina está condicionada por las características medioambientales, situándose entre los 15 y los 20 años de la vida del árbol, y para llegar a su plenitud productiva tenemos que esperar hasta 100 años. Es por eso, que el régimen alimenticio de los cerdos 100% ibéricos es muy difícil de replicar.
Generalmente identificamos como encina todos aquellos árboles cuyo fruto es la bellota; sin embargo dentro de este género, hay numerosas especies arbóreas que dan bellotas como el roble, la encina, el alcornoque y el quejigo.En concreto, en las encinas de la Península Ibérica se diferencian dos subespecies: (Quercusilex subsp. ilex) y (Quercusilex subsp. ballota) que tienen ligeras diferencias morfológicas y fisiológicas lo que se traduce en unos frutos diferentes, con bellotas más alargadas amargas en la primera planta y bellotas más redondeadas y dulces en la segunda. Estás diferencias de sabores en las bellotas se notarán posteriormente en los cerdos 100% ibéricos que las consumen; así por ejemplo el jamón 100% ibérico de Extremadura tiene un sabor más amargo que el de Jabugo, dada la mayor representación de quercusilex que hay en la Dehesa de la zona.
Como dato curioso para terminar queríamos mencionar que la encina se considera árbol sagrado en numerosas tradiciones. En todas ellas, parece como un símbolo de solidez, longevidad y potencia, tanto en el sentido material como en el espiritual; al igual que en latitudes más septentrionales ocurre con su hermano, el roble.7