• info@jamonesjpd.com

  • +34 912 961 580

¿Es cancerígena la carne roja? : la realidad tras el informe de la OMS

    ¿Te atreves a imitar a nuestro cortador? Haz la prueba con nuestro jamón   ¡Comprar aquí!

Gran revuelo se ha levantado tras lo que en muchos casos se ha comunicado como la “inclusión” por la OMS (Organización Mundial de la Salud) de la carne roja entre los productos cancerígenos: en muchos casos, llevados del sensacionalismo, se ha llegado a poner a la carne roja a la altura del tabaco o el alcohol.
Como tantas otras veces, está noticia debe analizarse y ponerse en contexto para no crear una alarma social injustificada, y un daño importante a una industria tan importante en nuestro país como es la cárnica.
Analicemos pues la realidad detrás de la noticia:
Es la IARC, la agencia de la OMS sobre investigación del cáncer, la que ha evaluado un riesgo carcinogénico en la carne roja y procesada, concluyendo que es posible que exista una relación entre el consumo de estos productos y un riesgo creciente del cáncer.
Lo primero que debemos saber es que el informe del que parte esta afirmación, no se hace sobre la base de ensayos científicos de la OMS dirigidos a estudiar este tema, si no simplemente del análisis de estudios elaborados en distintas fuentes y publicaciones existentes. Es decir, la OMS no ha estudiado directamente la relación entre la exposición real en grupos de personas a la carne roja y su potencial para causar cáncer.
La realidad es que desde 1971, más de 900 agentes han sido evaluados y sólo uno se ha encontrado «probablemente no cancerígeno». A esto hay que añadir que entre los cancerígenos hay muchos, como la luz del sol o el aire, sin los que evidentemente no podemos vivir. Se trata por tanto, con carácter general, de dar pautas de vida, y básicamente, pautas de prudencia y moderación, que no deben llevar a asustar a la población, si no simplemente a establecer unos hábitos de vida saludables.
Y entre ellos, al igual que no está el encerrarse en una cueva oscura para evitar siempre la luz del sol, tampoco está el dejar de ingerir carnes rojas totalmente, si no el hacerlo de una forma moderada. Tanto la luz, como la carne roja pueden tener consecuencias negativas llevadas a extremos, mientras que el “consumo” moderado es saludable y beneficioso.
La carne y los productos cárnicos son una fuente esencial de proteínas de alto valor biológico, así como una gran fuente de aminoácidos esenciales. Contienen muchos elementos nutricionalmente imprescindibles (tales como hierro, selenio, zinc y vitaminas) y tienen un papel importante en una dieta equilibrada.
En todo caso, el cáncer depende siempre de una combinación de muchos otros factores, incluyendo la edad, la genética, la dieta, el medio ambiente y el estilo de vida, no pudiendo atribuirse a un solo agente. La ingesta exagerada y excesiva de productos cárnicos podría resultar en un riesgo estadístico mayor de contraer dicha enfermedad, pero ese riesgo es muy bajo e improbable, debido a que es irreal que se consuman de forma habitual esas cantidades.
El riesgo relativo de cáncer derivado del consumo de carne procesada, es menor que el producido por otros factores de riesgo como: enfermedades de colon, IMC (índice de masa corporal), falta de actividad física y consumo de tabaco. Los factores ambientales (aire exterior e interior, polución, contaminantes…) han mostrado valores de riesgo relativo mucho mayores en diferentes tipos de cáncer. En los últimos estudios científicos se evidencia que las personas que comieron grandes cantidades de carne procesada eran también más propensas a fumar, beber en exceso y comer menos frutas y verduras, haciendo imposible separar estos factores de riesgo.
El cáncer es una enfermedad muy compleja. No existe un solo alimento que sea una causa o un remedio. La mejor manera de minimizar el riesgo es llevar un estilo de vida saludable, en el que las carnes forman parte natural de una alimentación equilibrada.
Por todo lo anterior, cualquier recomendación de evitar la carne procesada es excesivamente simplista e inexacta al no reconocer la gran variedad y tipología de productos cárnicos producidos en la UE, y que los productos cárnicos pueden consumirse de forma segura como parte de una dieta equilibrada y variada.
Es evidente que no todas las carnes pueden meterse en el mismo cajón. Por ejemplo en España, merece la pena destacar el caso del jamón ibérico de bellota: un producto que podría considerarse como una carne “procesada”, ya que se somete a un proceso de salado y secado. No obstante, está claro que no tiene nada que ver ese proceso natural de salado y secado, con el que se aplica a otras carnes procesadas, en que el proceso industrial supone evidentemente un mayor riesgo por el contenido de nitratos, temperaturas de cocción, tipo de ahumado, tipo de carne, etc. A esto añadimos que en el caso del jamón ibérico no se utilizan conservantes, más allá de la propia sal, lo que de nuevo es una enorme diferencia.
Numerosos estudios científicos demuestran que el consumo moderado de jamón ibérico de bellota es de hecho beneficioso para la salud, especialmente para el sistema cardiovascular. Esta carne, baja en calorías , protege el sistema cardiaco y circulatorio, reduce el colesterol, y es rica en todo tipo de vitaminas.
Así pues debemos huir de conclusiones simplistas al abordar este tema. El anuncio de la IARC no cambia gran cosa en lo que a la prevención del cáncer se refiere: el tabaco, la obesidad y el consumo excesivo de alcohol siguen siendo los mayores factores de riesgo. Y en segundo lugar, en una alimentación equilibrada no hay que excluir ningún alimento.